Hace muchos años en una víspera de año nuevo, un hombre muy rico que no tenia esposa, hijos y ningún familiar, decidió hacer un regalo a todos sus empleados que le asistían en aquella mansión. Les invitó a una gran cena y cuando todos estaban a la mesa se levantó y dijo estás palabras:
- Les doy la bienvenida a todos al
frente de cada uno de ustedes hay una Biblia y una pequeña cantidad de dinero
deberán escoger solo un regalo la Biblia o el dinero pero no sean tímidos escojan.
El primero que se levantó fue el guardaespaldas un
hombre que se encargaba de cuidar al hacendado y a su mansión. Un hombre leal y
entregado a su trabajo ya llevaba muchos años trabajando con él.
- Señor me gustaría recibir la Biblia
pero no se leer y no tendría caso tenerlo. Me sería más útil el dinero.
Se puso de pie la jardinera, y en su rostro se notaba la
tristeza y ella es una mujer muy alegre y servicial. Siempre se le escucha
cantando cuando está arreglando el jardín y cultivando bellas flores que
adornan aquella mansión. Ella le dijo:
- Señor la agradezco de todo corazón su
regalo. Elegiría la Biblia pero mi esposo está muy enfermo y necesito el dinero
para sus medicamentos escogeré el dinero muchas gracias.
La tercera en levantarse fue la cocinera una mujer muy
pulcra y hacendosa. Su comida exquisita en gran manera. Muy alegre y su patrón
siempre la alaba y le agradece su trabajo ella le comentó:
- Señor leer la Biblia es una de las cosas que
más me gustaría hacer pero trabajo tanto que nunca tengo tiempo ni para ojear
una revista cuanto más la Biblia por eso voy a escoger el dinero.
Le toca el turno al joven que cuidaba de los animales
de la mansión. había caballos ganado, perros, borregos, aves y como se sabía
que la familia del joven era de escasos recursos el hacendado se adelantó y
dijo:
- Es claro que usted va a recoger
el dinero no es así joven usted puede comprar alimentos para hacer una buena
cena. Ayudar a su familia y comprar unos buenos zapatos nuevos.
El joven sorprendió a todos con su respuesta:
- Sería
bueno comprar un pavo y otras comidas sabrosos para compartir con mi familia
también un par de zapatos nuevos ya que los míos son muy viejos pero aún así
escogeré la Biblia. Mi madre me enseñó que la palabra de Dios vale más que el
oro y es más sabrosa que un panal de miel.
El hacendado sonriendo entrega la Biblia al joven e inmediatamente el comienza a ojear la Biblia y para su sorpresa encontró dos sobres. En uno había un cheque diez veces mayor a la cantidad que había en la mesa y en el otro un documento donde el hacendado le heredaba toda su fortuna. Ante la emoción del joven y el espanto de los demás, el rico hacendado tomó una de las Biblias y leyó en voz alta:
La enseñanza del Señor es perfecta, porque da nueva vida. El mandato del Señor es fiel, porque hace sabio al hombre sencillo. Los preceptos del Señor son justos, porque traen alegría al corazón. El mandamiento del Señor es puro y llena los ojos de luz. El temor del Señor es limpio y permanece para siempre. Los decretos del Señor son verdaderos, todos ellos son justos, ¡son de más valor que el oro fino!
Muchas
gracias señor lo que usted está depositando en mis manos. Lo cuidaré y trabajaré
para que se multiplique además lo compartiré con mi familia y mis compañeros de
trabajo. Dios lo bendiga.
La palabra de Dios es lo más valioso que tenemos en el mundo porque en ella conocemos de nuestro Dios él nos dé sabiduría y nos ayude a hacer elecciones correctas.
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