Caminaba por el bosque regresando a ver asustada. Era cerca de las dos de la madrugada. A lo lejos se alcanzaba ver la luz de un viejo faro. De pronto Elena escucho algo. Los pasos de alguien que caminaba rapidamente. Regreso a ver, vio como una sombra que se movía. Entonces empezó a correr en dirección al faro. Quería encontrar un escondite, donde nadie, absolutamente nadie le pudiera encontrar. ¿Cómo si hubiera un lugar así en el universo entero? Hay alguien que siempre te puede encontrar, es Dios. El sabe donde estás en este preciso momento, mientras lees esta historia.
Elena corrió y corrió hasta una pequeña cabaña que estaba abandonada y afectada por el sol y la lluvia de muchos días. Pero la ventana estaba abierta y el vidrio roto. Rapidamente entro Ella por la ventana. Con su pie tocó algo que cayó de la mesa. Elena se refugio bajo la mesa y se mantuvo sin hacer ningún movimiento por algunos minutos. Pronto vinieron a su cabeza pensamientos de lo que había hecho. Recordó confundida a su bebe recién nacido haberlo echado en un bote de basura en aquella noche y luego alejarse hacía el bosque aún sangrando.
Alguien estaba viendo todo. Y se había entristecido. Pero Elena no conocía de Él.
De niña Elena había ido a la iglesia varias veces. Ella disfrutaba ir y compartir con otros niños. Le gustaba aprender los pequeños textos de la Biblia. Y amaba las historias que le contaba su maestra. Pero nunca había entendido acerca de la Salvación por medio de Jesús. Años despues Elena creció y cuando ella y sus padres se mudaron a otra ciudad. Ella ya no fue nunca más a la iglesia.
En aquella cabaña en medio de la noche Elena creía que nadie le había visto y peor aún que ha nadie le importaba.
La Biblia dice:
Aunque caven hasta las profundidades del abismo, de allí los sacará mi mano. Aunque suban hasta el cielo, de allí los derribaré. Aunque se oculten en la cumbre del Carmelo, allí los buscaré y los atraparé. Aunque de mí se escondan en el fondo del mar, allí ordenaré a la serpiente que los muerda. Aunque vayan al destierro cautivos por sus enemigos, allí ordenaré que los mate la espada. »Para mal y no para bien, fijaré en ellos mis ojos». Amós 9:2-4 NVI
Esta era la forma en que Dios le decía a Israel por medio de Amós su profeta que ellos podía correr, pero no podían esconderse de Él y su juicio. Hoy en día no podemos escondernos del Dios que está en el cielo, ni burlarnos de Él, pues Él nos encontrará a cualquier lugar que vayamos y ¿No nos dará el justo castigo por nuestras acciones?
Elena no sabía esto, ella pensaba que ni aún Dios le había visto. Que equivocada estaba.
Luego Elena muy adolorida se levantó y salió de la cabaña, observó a un lado y al otro y después de comprobar que nadie le seguía cominó en dirección a casa de sus abuelos.
Continuará...
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